El pasado sábado 21 de mayo, algunos socios pudimos disfrutar de un magnífico día en una salida que aúna naturaleza e historia a partes iguales. Tras reunirnos a las 9 de la mañana en nuestro punto de salida habitual para este tipo de eventos (aparcamiento de la estación de tren de Tres Cantos), nos dirigimos a la localidad de Canencia. El cielo despejado y la agradable temperatura primaveral presagiaban una gran excursión, aunque, eso sí, nuestras fotos de paisaje se vieron privadas del dramatismo que unas buenas nubes pueden añadir a la composición. No se puede tener todo 🙂
Atraviesan el arroyo de Canencia tres puentes medievales. El primero que visitamos fue el puente Canto (siglos XIV y XV), que tiene la curiosa característica de que sus dos ojos son asimétricos. Continuando con un agradable paseo de unos quince minutos rodeados de flores silvestres y alguna que otra mariposa, alcanzamos el puente de las Cadenas, con un solo ojo, suavemente apuntado y rodeado de abundante vegetación de ribera.
Un poco más alejado de la población, aunque todavía en el término municipal de Canencia, nos estaba esperando paciente el puente de Matafrailes, también de un solo ojo.
Cambiando de cauce, y ya en el río Lozoya, visitamos el puente de Congosto (Siglo XII), digno de ver aunque solo sea por el entorno espectacular en el que está enclavado: un cortado rocoso por el que discurren las bravas aguas del río.
De nuevo en coche, nos desplazamos a un merendero en la carretera de Rascafría al puerto de Cotos, donde nos tomamos nuestros bocatas para continuar acompañando el río Lozoya en su curso alto, pasando por la presa del Pradillo, hasta llegar al último puente de la jornada: el puente de la Angostura.
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